Liduvino Fleitas Domínguez | OPINION

Entre el desencanto y la esperanza

Es la hora de hacer realidad el sueño de una sociedad más integra, cabal, fraternal y solidaria; está en nuestras manos y depende de cada uno de nosotros. Elijamos el compromiso de un camino común, unamos fuerzas, convicciones y nuestra voluntad de cambio con el convencimiento de que tenemos la oportunidad y la razón de nuestra parte, así que miremos a nuestro alrededor, observemos, escuchemos, comparemos y luego; llegado el momento decidamos y actuemos en consecuencia.

Vivimos tiempos duros, de cambios, inseguridades e incertidumbres, de angustia y de impotencia; donde un gran número de personas viven en un contexto en el que la necesidad, las carencias y las posibilidades de exclusión se convierten en el pan nuestro de cada día.

Al margen de cualquier discusión doctrinaria sobre las múltiples causas que han motivado estos aciagos momentos, hay algo que es común a todas ellas; un comportamiento recurrente por parte de los diferentes gobiernos que pasan por las instituciones públicas, que han potenciado el dispendio y que han hecho de su capa un sayo en la gestión de los recursos; consecuencias: instituciones "endrogas hasta los ojos". Las repercusiones son: subida de impuestos - de forma exponencial - y programas de ajustes y recortes en sueldos y servicios sociales, culturales y educativos, que de rebote y de manera directa afectan a sus correspondientes colectivos de trabajadores y a un número elevado de usuarios.

El paradigma de lo expuesto anteriormente lo tenemos en nuestro ayuntamiento, y digo nuestro para que no olvidemos que es la casa de todos, que no es del alcalde, ni de las corporaciones y que están ahí porque los hemos votado para representar y administrar los intereses de todos. Las medidas que se toman se realizan de forma indiscriminada, se hace tabla rasa y paga justo por pecador sin tener en cuenta la repercusión social y económica que ello supone para los bolsillos de muchos ciudadanos que tienen que hacer verdaderos equilibrios para llegar a fin de mes.

Repito que son momentos complejos, donde escasean los logros y abundan las dificultades, pero tenemos que insistir una y otra vez que enfrentarse a la actual crisis y mantener un cierto nivel de progreso y bienestar no tiene por qué ser utópico. El sueño de una sociedad más equilibrada ha de cristalizar en objetivos de desafío y esperanza en el que se ha de conciliar planes y programas con medidas más justas y solidarias. Son en estas circunstancias cuando las actitudes de reto, riesgo, urgencia e ilusión nos ponen a prueba; las que nos dan la oportunidad de cambiar las cosas, las que nos proporcionan la ocasión de acometer nuevos planes y proyectos que descubran soluciones destinadas a corregir y regenerar las prácticas políticas de unos gobernantes que van a lo suyo; que han olvidado la noción de lo que es el bien común, y que parecen ponerse de acuerdo para elevar a la categoría de válidas decisiones ineficaces que ponen en peligro la equidad y facilitan la fractura social de un sistema que se escora y tambalea como una nave que ha roto su timón.

Por suerte o por desgracia timoneles hay - de sobra para el gusto de una mayoría ciudadana - y que si bien han sido legitimados por las urnas han perdido, unos la humildad, la templanza y moderación; otros la conciencia y voluntad de servicio al ciudadano y algunos más la integridad, la honestidad y la honradez. ¿A caso vale todo con tal de conquistar y conservar el poder y el logro de las ambiciones personales? No, ante la calumnia, la hipocresía, el fraude, la prevaricación, malversación de fondos y el soborno; hay normas y valores de justicia, de decencia, de franqueza, de honradez y honestidad... Se llama ética y moral y la política ha de exigir de aquellos que quieran participar en ella el cumplimiento estricto de las mismas. No podemos justificar, permitir, ni renunciar a estos principios; ni a que pasen por encima de ellos con tal de lograr que algunos alcancen sus fines y propósitos. Hay que parar y quitar a estos figurantes del escenario político que con sus discursos rellenos con frases de ocasión prometen y ofrecen cualquier cosa con tal de obtener el apoyo que les lleve al poder.

Es la hora de hacer realidad el sueño de una sociedad más integra, cabal, fraternal y solidaria; está en nuestras manos y depende de cada uno de nosotros. Elijamos el compromiso de un camino común, unamos fuerzas, convicciones y nuestra voluntad de cambio con el convencimiento de que tenemos la oportunidad y la razón de nuestra parte, así que miremos a nuestro alrededor, observemos, escuchemos, comparemos y luego; llegado el momento decidamos y actuemos en consecuencia.

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