Liduvino Fleitas Domínguez | OPINION

Mirar hacia otro lado...

La culpa, el pecado o el drama, reside en no mirar para otro lado ante el cúmulo de situaciones ilegales en las que este gobierno persevera, atesora, desatiende y niega de una forma constante y permanente; esperando que el tiempo pase y que la desmemoria, confusión y el entramado de telaraña de la lenta rueda de la justicia hagan el resto.

El comportamiento ético es un deber al que hay que sumarle la exigencia, sobre todo a los que hemos facultado a través de las urnas con el poder para gobernar. El compromiso de adecuar las conductas con el ejercicio práctico de una serie de principios que impriman integridad, imparcialidad y ejemplaridad son indispensables y esenciales en la acción de gobierno.

En el municipio de Telde parece ser, tal como están las cosas hoy en día, que demandar esa actitud por una parte de la oposición atrae una marea de prejuicios -con unas supuestas razones- que aluden a una colaboración poco constructiva, que incitan a la guerra, confrontación, crispación; que están instalados en el radicalismo, que no están al lado de los ciudadanos y que no arriman el hombro para sacar a esta ciudad de la quiebra política y económica en la que precisamente estos que ahora están, nos metieron abusando del crédito que los ciudadanos conceden cada cuatro años.

La culpa, el pecado o el drama, reside en no mirar para otro lado ante el cúmulo de situaciones ilegales en las que este gobierno persevera, atesora, desatiende y niega de una forma constante y permanente; esperando que el tiempo pase y que la desmemoria, confusión y el entramado de telaraña de la lenta rueda de la justicia hagan el resto.

La lectura para unos puede ser que los políticos serios y comprometidos son los que usan la técnica del avestruz; agachando la cabeza y anteponiendo con presteza sus intereses, bien personales o de partido: "Monta tanto, tanto monta Isabel como Fernando".


Para los otros parece que corren malos tiempos, pues defender el que las cosas se hagan bien; negándose al señuelo de que "el fin justifica los medios" o "da igual que el gato sea blanco o negro lo importante es que cace ratones", es un posicionamiento que se pone en cuestión y en entredicho por: poco práctico, caduco, falto de razón y con escaso sentido común.

Así que, empeñados en negar lo evidente podemos suponer dos cosas. La primera es que todo lo acontecido se ha hecho desde una "ignorancia ingenua o inocente" por no saber o no conocer cómo gestionar tales asuntos. La segunda es la de la "ignorancia elegida o deliberada" que tiene como resultado la elección consciente de lo que se hace, lo cual implica la voluntad de no querer saber o sencillamente de mirar hacia otro lado.

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