Liduvino Fleitas Domínguez | OPINION

Llueve sobre mojado...

Visto lo visto, no estaría de más hacer memoria, dar un paseo por la realidad y recordar los compromisos éticos y morales adquiridos y exigidos por la ciudadanía; haciendo lo correcto y denunciando lo que está mal, -que puede ser plausible o no, popular o impopular; dependiendo de la óptica con que se mire- pero siempre desde el respeto y la divergencia sana, racional, democrática, educada e inteligente.

Dice la sabiduría popular que las comparaciones son odiosas, pero es inevitable hacerlas cuando vemos que la vida y las relaciones de la gente en una sociedad civil, supuestamente avanzada, se ven amenazadas por una crisis estructural -que lo ha puesto todo patas arriba- y por la nulidad y torpeza de una clase dirigente instalada en sus privilegios y atrincherada en unas instituciones donde no ha habido la ejemplaridad obligada en sus maneras de proceder y porque ,además, no ha tenido la voluntad política de generar los mecanismos adecuados para realizar los cambios que dicha sociedad reclama y necesita.

La profundidad en la discordancia y la extensión en el rechazo ciudadano van creciendo y se transforman en una censura que tiende a un estado de acritud constante, donde el equilibrio de los principios básicos de una sociedad democrática: igualdad, libertad y solidaridad ocupan mucho volumen pero tiene escaso peso específico, influencia y eco en la conciencia de aquellos que nos gobiernan. La impotencia y el grado de irritación es tal que terminan transformándose, muchas veces, en actitudes radicales de desafío, provocación y derivaciones políticas radicales entre los que ejercen y administran el poder y los administrados.

En la convicción de que son una mayoría los que así lo perciben, no es de extrañar que se engendre en el común de la gente una valoración de políticos e instituciones que va mermando día tras día; poniendo en cuestión y entredicho incluso la representatividad que un día obtuvieron en las urnas.
La crisis, a la que hacemos referencia normalmente en términos y conceptos mercantiles y financieros, se manifiesta no sólo como origen y causa de nuestras actuales desdichas; va mucho más allá y ha puesto en cuestión y dejado al descubierto una ristra de cuestiones, bastantes discutibles, que igualan o superan a las meramente económicas.

Los, supuestamente, entendidos en la materia dicen que nada o casi nada va a ser como antes, y es que este trance por el que pasamos nos ha llevado a desatar algunos de los "demonios y miserias dormidos en nuestros adentros", que han afectado de manera intensa a otros pilares que son básicos en una sociedad y que rompen la estabilidad y el equilibrio en atributos, actitudes y valores tan importantes como son: la familia, la moral, la ética, la cultura, la educación, las creencias, la identidad, la justicia, la buena gobernanza etc.

Visto lo visto, no estaría de más hacer memoria, dar un paseo por la realidad y recordar los compromisos éticos y morales adquiridos y exigidos por la ciudadanía; haciendo lo correcto y denunciando lo que está mal, -que puede ser plausible o no, popular o impopular; dependiendo de la óptica con que se mire- pero siempre desde el respeto y la divergencia sana, racional, democrática, educada e inteligente.

Así pues, porque no establecer un nuevo punto de partida donde el derecho y la práctica de la discrepancia, dentro de la pugna y rivalidad política, no lleve implícito la descalificación y el uso de adjetivos que desacreditan y contemplan a los rivales políticos como enemigos a batir. No sigamos tocando a las puertas del averno, porque éstas pueden acabar por abrirse y podría hacerse realidad, mal que a muchos nos pese, la frase del filosofo Inglés Thomas Hobbes: "El hombre es lobo para el hombre".

 

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